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2 de abril de 2011

Pecado Capital (1º parte)

Dios sabe cuanto, pero ya no importa, porque no llevas su nombre, y de nada sirve todo aquello para lo que has nacido, puedes conformarte con días de niebla sobre tus pies desdoloridos.
Y llorar por pensar lo que te duele.
Ya no importa nada, nada.
Porque te encanta entrar por la puerta y sentir el alma de la fiesta entrándote por las venas.
Y sonreír, porque eso que quieres sigue sin llegar, y cada vez importa menos.
No se puede echar en falta algo que nunca te ha dejado sabor en la boca.
Y aun así te haces gracia imaginándote.
Y escribes para no olvidar los detalles, y así poder olvidarte, todo tú, todo aquello que dejas de lado, porque sigue siendo de la generación de la libertad, en la cual los dolores causados no son de su importancia.
Y pasan los días, lentos, rayando la pared de tu cárcel, haciendo cruces como aspas de molino.
Y sigues queriendo que pasen los días, rápidos para que llegue ese viaje que tanto ansias, no sabiendo muy bien lo que vas a buscar.
Y sigues creyendo que el tiempo se detuvo hace tres años en una columna cualquiera, cuando el sábado tenia miedo de ser olvidado, contando adoquines.
Te sigue encantando cerrar los ojos e imaginarte tu mundo de irrealidades, en el cual un beso es una entrada a la atracción de la femme fatale...

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