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25 de febrero de 2010

EL HOMBRE DE LA PANDERETA

Bendita niñez, que ocultas los problemas ya maduros.
Ojala volvieras, para rodearme de paz.
Para alejarme del Hombre de la Pandereta.

Cuando corría despreocupada con el carrito de muñecas,
huyendo delnoséque .
Cogiendo el coche, para recoger todos los baches del camino,
despreocupada, ingenua, niña al fin.

Dónde te marchas cuando llega el otoño
dónde guardas la felicidad que harta me llenaba,
que ahora tanto me cuesta encontrar.

Hombre de la Pandereta, no vengas a buscar lo que me falta,
no tiñas de negro las calles que me interesan,
alejate de mí, solo por una eternidad.
Y dame una estrella que me vuelva a hacer joven.

24 de febrero de 2010

SIEMPRE TÚ

La casa se quedo estoy sola, como una cucharilla girando en el café
y me quejo.
te pedí que te marcharas, con palabras pequeñas
y te fuiste.
supe vivir sin ti unos meses. ahora he vuelto a oír tus pies
y miro al suelo.
el bolígrafo te echaba de menos,
en mis manos.

hoy vamos a casa del abuelo.

hoy la casa está llena de ruidos y de llantos
pero yo sigo sintiéndome sola.
y me quejo.
y quisiera echar el tiempo hacía atrás
para oír tu voz al lado de la mía.
y sentarme junto a ti, en el banco que también se ha quedado solo,
y contarte lo que pasa, para que tú no hables siempre.
y retener tu voz en mi garganta, como el agua que entra mal.

Aunque el aire me susurra que hice lo correcto,
nunca tengo esa certeza.
sigo en el sofá esperando que la luz vuelva a ser encendida.
mientras sigo mirando al suelo, esperando tus pies descalzos

TE BUSQUÉ

Encendiste la luz
Como quien sujeta un corazón, sin apretar.
Pero no te diste cuenta, igual que yo
Que cuando lo cogiste temblaba
No por el frío, ni por el miedo
Si no por ese calor que nunca había sentido.
Y me lo volviste a entregar,
Con tus manos puras, sensibles, sensatas
Como quien deja una bomba.
Y otra vez volví a quedarme a oscuras
Como cuando la última vela se apaga.
No supe por qué estaba de vuelta,
Sólo entendí que estaba frío.

Llamaste a la ventana y corriste,
Y te vi alejarte, sin mirar atrás,
Y vi cómo mi corazón se detenía
Y cogí aire, aire que me faltaba en la garganta.
Me armé de valor con Amélie, y te busqué.
Te busqué, te busqué por cada boca de metro,
Busque tus ojos, envueltos en niebla.
No estabas.

Toque la luz, pero tampoco te encontré.
Escribí tu nombre en cada espacio en blanco.
Y volví a sentir la desesperación,
Y volví a sentirme en tierra de nadie,
Y volví a llevar un saco de huesos sobre mi espalda.

Cuando una mañana inviernamente
Te encontré sobre la tapia del jardín.