Y si te digo que hoy es un día de esos en los que no sabemos lo que queremos, pero no queremos estar como estamos. He vuelto a levantarme una vez más para darme cuenta que ya te has marchado, ahora toca lo de siempre, echarte de menos algún tiempo, soñar que puedo ir a verte cuando me plazca, aunque sabemos (ambos sabemos) que eso es simplemente un detalle de cortesía. Porque a eso se limita “nuestra relación” a detalles de cortesía.
Yo invento una rutina vital de ambos, que tú desconoces. Así los dos a nuestra manera, en tu vida real, y mi vida inventada somos lo más próximo a felices. Cuando tu realidad y mi imaginación hacen un paréntesis para que yo entre en tu cruda realidad me arrastras lo más cercano a ti, y es cuando mi imaginación poderosa al fin, logra que me recojas entre tus brazos..
4 de noviembre de 2010
1 de noviembre de 2010
CUENTA DÍAS
Y la mirada que precede a la mentira, te arrastra como un suicida. Dejate engañar, no te engañes. sueñas cada día, que él te mira de esa manera que no llega. sueñas que llega todo aquello que pensaste que por derecho del mundo tendrias y no llega. sigues esperando por que hoy es lo que toca. sigue siendo bonito aunque no sea en...
Todas esas historias son iguales. ¿qué te hace pensar que la tuya es diferente? son las mismas palabras las que suenan bien en todos los oidos.
Pero escribe ahora para el recuerdo, recuerda que le podías llamar como tu quisieras, recuerda que te rogó que te abrieras de piernas.
Esta vez no fue intenso como para empapelar mi habitación otra vez de frases que suenan en mi cabeza, esta vez fue y no fue, esta vez supo a silencio. ¿A que sabe el silencio?
Y aquí estoy otra vez en mi día de los suicidios, mi día de suicidios hoy me ha robado la inocencia, el aguante de miradas, el espacio en blanco en mi cara. y la historia se repite, pero no hubo baile. No hubo quemadura nueva en mi brazo.
Solo queda lo de siempre, el mismo cuenta días hasta que no queden colores para marcarlos.
Todas esas historias son iguales. ¿qué te hace pensar que la tuya es diferente? son las mismas palabras las que suenan bien en todos los oidos.
Pero escribe ahora para el recuerdo, recuerda que le podías llamar como tu quisieras, recuerda que te rogó que te abrieras de piernas.
Esta vez no fue intenso como para empapelar mi habitación otra vez de frases que suenan en mi cabeza, esta vez fue y no fue, esta vez supo a silencio. ¿A que sabe el silencio?
Y aquí estoy otra vez en mi día de los suicidios, mi día de suicidios hoy me ha robado la inocencia, el aguante de miradas, el espacio en blanco en mi cara. y la historia se repite, pero no hubo baile. No hubo quemadura nueva en mi brazo.
Solo queda lo de siempre, el mismo cuenta días hasta que no queden colores para marcarlos.
5 de octubre de 2010
SIEMPRE TÚ
La casa se quedo vacía.
estoy sola, como una cucharilla girando en el café
y me quejo.
te pedí que te marcharas, con palabras pequeñas
y te fuiste.
supe vivir sin ti unos meses. ahora he vuelto a oír tus pies
y miro al suelo.
el bolígrafo te echaba de menos,
en mis manos.
- Paulí, hoy vamos a casa del abuelo.
hoy la casa está llena de ruidos y de llantos
pero yo sigo sintiéndome sola.
y me quejo.
y quisiera echar el tiempo hacía atrás
para oír tu voz al lado de la mía.
y sentarme junto a ti, en el banco que también se ha quedado solo,
y contarte lo que pasa, para que tú no hables siempre.
y retener tu voz en mi garganta, como el agua que entra mal.
Aunque el aire me susurra que hice lo correcto,
nunca tengo esa certeza.
sigo en el sofá esperando que la luz vuelva a ser encendida.
mientras sigo mirando al suelo, esperando tus pies descalzos.
estoy sola, como una cucharilla girando en el café
y me quejo.
te pedí que te marcharas, con palabras pequeñas
y te fuiste.
supe vivir sin ti unos meses. ahora he vuelto a oír tus pies
y miro al suelo.
el bolígrafo te echaba de menos,
en mis manos.
- Paulí, hoy vamos a casa del abuelo.
hoy la casa está llena de ruidos y de llantos
pero yo sigo sintiéndome sola.
y me quejo.
y quisiera echar el tiempo hacía atrás
para oír tu voz al lado de la mía.
y sentarme junto a ti, en el banco que también se ha quedado solo,
y contarte lo que pasa, para que tú no hables siempre.
y retener tu voz en mi garganta, como el agua que entra mal.
Aunque el aire me susurra que hice lo correcto,
nunca tengo esa certeza.
sigo en el sofá esperando que la luz vuelva a ser encendida.
mientras sigo mirando al suelo, esperando tus pies descalzos.
EL ABISMO DE SARA
Tu mano se soltó, mientras el tejado cedía, el suelo cedía, mi cuerpo cedía.
Todo paso muy rápido después. Corrí en dirección equivocada a la muerte. Y me alejé a tierra semisegura. Pensando en ser más rápido que la luz. Ingenuo al no saber que no puedo escapar. La tierra que nos unía se abrió para tragarte.
Ahora, ya no me duele. He descubierto que cuando la verdad se desvela y te provoca un nudo en la garganta, puedes decirlo en tiempo pasado, te parece un dolor lejano, casi un quejido.
Las paredes se quiebran con cada silencio, me asomo por las vidrieras rotas de la casa y el vacío se acerca.
SEMANAS ANTES…
En algún lugar de Sidney, cerca de la playa, descanso con Sara. Coge mi mano y la sostiene entre en abismo de nuestros cuerpos.
- Cielo, tendremos que ir a comprar comida, Paul se llevo la última libra de chocolate.
- Sara, ¿te he dicho hoy que te extraño?
- No, nunca. Necesito chocolate.
Aparto mi mano bruscamente, rebusco entre mis pantalones, allí sigue el papel arrugado con el número de Francine.
*******************
El K-19 continúa su ruta de reconocimiento sobre suelo hostil, en el abismo de Endem en las Filipinas.
El capitán Cheney hace pruebas de lanzamientos con torpedos. Uno tras otro salen hacia la profundidad, mientras el K-19 se aleja.
******************
Islas Marianas, un fuerte movimiento sísmico hace temblar el abismo de Nero. En la superficie comienzan a salir burbujas efervescentes.
******************
Sara está adormecida saboreando la última onza de chocolate, mientras yo sujeto su mano. La luz se desvanece. Ella se levanta, y me mira como si le hubiese gastado una broma pesada.
La lámpara comienza a oscilar, cada vez más deprisa, comienza a hacer círculos en el aire hasta que cae al suelo. Yo sigo sentado, sin poder moverme, el miedo me paraliza.
Sara tira de mi mano, haciendo que mi cuerpo se deslice sobre el suelo. Me saca a la calle.
El Pacífico ruge sin control, y las islas Filipinas están a pocas yardas de distancia. Un hoyo gigante se está tragando el agua. El nivel de mar está descendiendo rápidamente. Yo siento cómo la tierra va desgarrándose, acercándose al agua.
La casa se parte por la mitad, se abre como una casa de muñecas.
Tenemos que correr, no sé adónde, pero tengo que alejarme de la tierra que me está quemando. Ahora soy yo el que tira de Sara y atravesamos los escombros.
- ¡Ay! Me he caído, Marcus, no puedo salir. ¡Coge mi mano!, tira de mí.
Sara ha pisado unas tablas que ocultan una hendidura en el suelo, quedando totalmente atrapada. Yo tiro de ella, comienzo a llorar, no puedo moverla. La tierra quemada que es ahora a mí a quien intenta quemar, nos arrastra paulatinamente hacia la eterna oscuridad.
- Sara, no te voy a soltar, no voy a gritar tu nombre si tú no lo puedes oír, no voy a correr si tú no puedes…
- Marcus, ¿te he dicho hoy que te extraño?
- No, nunca.
- Te extraño.
- ¿aún?
La arena se ha empezado a mover más rápido, nos estamos acercando a la zona de atracción. Sara no puede verlo, pero las casa se están destrozando y el agujero se las traga como si fueran de cartón.
- ¡Vete! Marcus márchate, no es justo que me veas morir. No es justo que mueras por quedarte a mi lado.
No puedo decirle nada, la beso y suelto su mano. Corro contra la corriente de tierra, no quiero mirar atrás y ver cómo se marcha.
Cuando estoy exhausto casi perdiendo la consciencia me desplomo contra el suelo frio, quieto.
******************
Me despierto sobre algo blando, miro a mí alrededor, todo está en su sitio. Me incorporo y levito hacia la ventana. No puedo escapar. El abismo de Sara viene hacia mí. Los cristales comienzan a resquebrajarse.
T u mano se soltó, mientras el tejado cedía, el suelo cedía, mi cuerpo cedía.
Todo paso muy rápido después. Corrí en dirección equivocada a la muerte. Y me aleje a tierra semisegura. Pensando ser más rápido que la luz.
Todo paso muy rápido después. Corrí en dirección equivocada a la muerte. Y me alejé a tierra semisegura. Pensando en ser más rápido que la luz. Ingenuo al no saber que no puedo escapar. La tierra que nos unía se abrió para tragarte.
Ahora, ya no me duele. He descubierto que cuando la verdad se desvela y te provoca un nudo en la garganta, puedes decirlo en tiempo pasado, te parece un dolor lejano, casi un quejido.
Las paredes se quiebran con cada silencio, me asomo por las vidrieras rotas de la casa y el vacío se acerca.
SEMANAS ANTES…
En algún lugar de Sidney, cerca de la playa, descanso con Sara. Coge mi mano y la sostiene entre en abismo de nuestros cuerpos.
- Cielo, tendremos que ir a comprar comida, Paul se llevo la última libra de chocolate.
- Sara, ¿te he dicho hoy que te extraño?
- No, nunca. Necesito chocolate.
Aparto mi mano bruscamente, rebusco entre mis pantalones, allí sigue el papel arrugado con el número de Francine.
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El K-19 continúa su ruta de reconocimiento sobre suelo hostil, en el abismo de Endem en las Filipinas.
El capitán Cheney hace pruebas de lanzamientos con torpedos. Uno tras otro salen hacia la profundidad, mientras el K-19 se aleja.
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Islas Marianas, un fuerte movimiento sísmico hace temblar el abismo de Nero. En la superficie comienzan a salir burbujas efervescentes.
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Sara está adormecida saboreando la última onza de chocolate, mientras yo sujeto su mano. La luz se desvanece. Ella se levanta, y me mira como si le hubiese gastado una broma pesada.
La lámpara comienza a oscilar, cada vez más deprisa, comienza a hacer círculos en el aire hasta que cae al suelo. Yo sigo sentado, sin poder moverme, el miedo me paraliza.
Sara tira de mi mano, haciendo que mi cuerpo se deslice sobre el suelo. Me saca a la calle.
El Pacífico ruge sin control, y las islas Filipinas están a pocas yardas de distancia. Un hoyo gigante se está tragando el agua. El nivel de mar está descendiendo rápidamente. Yo siento cómo la tierra va desgarrándose, acercándose al agua.
La casa se parte por la mitad, se abre como una casa de muñecas.
Tenemos que correr, no sé adónde, pero tengo que alejarme de la tierra que me está quemando. Ahora soy yo el que tira de Sara y atravesamos los escombros.
- ¡Ay! Me he caído, Marcus, no puedo salir. ¡Coge mi mano!, tira de mí.
Sara ha pisado unas tablas que ocultan una hendidura en el suelo, quedando totalmente atrapada. Yo tiro de ella, comienzo a llorar, no puedo moverla. La tierra quemada que es ahora a mí a quien intenta quemar, nos arrastra paulatinamente hacia la eterna oscuridad.
- Sara, no te voy a soltar, no voy a gritar tu nombre si tú no lo puedes oír, no voy a correr si tú no puedes…
- Marcus, ¿te he dicho hoy que te extraño?
- No, nunca.
- Te extraño.
- ¿aún?
La arena se ha empezado a mover más rápido, nos estamos acercando a la zona de atracción. Sara no puede verlo, pero las casa se están destrozando y el agujero se las traga como si fueran de cartón.
- ¡Vete! Marcus márchate, no es justo que me veas morir. No es justo que mueras por quedarte a mi lado.
No puedo decirle nada, la beso y suelto su mano. Corro contra la corriente de tierra, no quiero mirar atrás y ver cómo se marcha.
Cuando estoy exhausto casi perdiendo la consciencia me desplomo contra el suelo frio, quieto.
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Me despierto sobre algo blando, miro a mí alrededor, todo está en su sitio. Me incorporo y levito hacia la ventana. No puedo escapar. El abismo de Sara viene hacia mí. Los cristales comienzan a resquebrajarse.
T u mano se soltó, mientras el tejado cedía, el suelo cedía, mi cuerpo cedía.
Todo paso muy rápido después. Corrí en dirección equivocada a la muerte. Y me aleje a tierra semisegura. Pensando ser más rápido que la luz.
23 de agosto de 2010
Boda de Estela y Limon
Sonreír, porque hoy no cuesta tanto. Estando en un día que nos gusta hablar de todo lo que ya se ve, por si las palabras fueran un elixir de la verdad y cada palabra que suena se potenciara por un número irracional de cariño.
El amor es la mejor amistad, significando compartir cada día con alguien a quien quieres, que as elegido tú, y él a ti, teniendo esa suerte, que no es nada sencilla.
Pensando que a partir de ahora cada mañana lo primero que veréis será vuestro reflejo en los ojos del otro. Y cada vez que lo deseéis saldrá de la boca esas dos maravillosas palabras que no son una declaración de amor, si no una consecuencia de pensar en vosotros.
Para que no se olvide, para que si alguna vez dudáis, recordad. Inmortalizar la primera vez que os mirasteis y no sabíais que decir, eso desencadeno el primer beso, sencillo, delicado, cómo cuando tocas un pétalo de rosa. Y subisteis juntos al famoso tren que no habíais visto, para seguir imaginando una historia que os tocaba vivir y no fantasear.
Justo ahora ese tren se ha parado para que la gente que queréis suba y por unos instantes comparta todo el afecto.
Están esperando en el andén, y uno a uno sube sonriendo y sentándose en su asiento, padres, hermanos, amigos… sin olvidar a los que no pueden porque su tiempo ha pasado. Y os están mirando ¿Quién dice que no?
Es cierto que quizá los planos que ambos mirabais no se ven igual, también puede ser que el escalimetro se siente solo con un par de manos, pero un “arquitecto” como él, solo podía estar en las estrellas y Mariano tuvo que marcharse.
Y Lucía que esta en cada corazón que toco, enseño que lo importante es la fuerza, no dejarse dominar, cargarse todo en esa mochila que ella tenia de hierro. Hasta que alcanzo la victoria.
Coger esa fuerza que los dos os han regalado y aprovecharla, no la malgastéis en la línea de salida, reservar para el sprint final.
No aprendáis a vivir el uno sin el otro.
El amor es la mejor amistad, significando compartir cada día con alguien a quien quieres, que as elegido tú, y él a ti, teniendo esa suerte, que no es nada sencilla.
Pensando que a partir de ahora cada mañana lo primero que veréis será vuestro reflejo en los ojos del otro. Y cada vez que lo deseéis saldrá de la boca esas dos maravillosas palabras que no son una declaración de amor, si no una consecuencia de pensar en vosotros.
Para que no se olvide, para que si alguna vez dudáis, recordad. Inmortalizar la primera vez que os mirasteis y no sabíais que decir, eso desencadeno el primer beso, sencillo, delicado, cómo cuando tocas un pétalo de rosa. Y subisteis juntos al famoso tren que no habíais visto, para seguir imaginando una historia que os tocaba vivir y no fantasear.
Justo ahora ese tren se ha parado para que la gente que queréis suba y por unos instantes comparta todo el afecto.
Están esperando en el andén, y uno a uno sube sonriendo y sentándose en su asiento, padres, hermanos, amigos… sin olvidar a los que no pueden porque su tiempo ha pasado. Y os están mirando ¿Quién dice que no?
Es cierto que quizá los planos que ambos mirabais no se ven igual, también puede ser que el escalimetro se siente solo con un par de manos, pero un “arquitecto” como él, solo podía estar en las estrellas y Mariano tuvo que marcharse.
Y Lucía que esta en cada corazón que toco, enseño que lo importante es la fuerza, no dejarse dominar, cargarse todo en esa mochila que ella tenia de hierro. Hasta que alcanzo la victoria.
Coger esa fuerza que los dos os han regalado y aprovecharla, no la malgastéis en la línea de salida, reservar para el sprint final.
No aprendáis a vivir el uno sin el otro.
25 de febrero de 2010
EL HOMBRE DE LA PANDERETA
Bendita niñez, que ocultas los problemas ya maduros.
Ojala volvieras, para rodearme de paz.
Para alejarme del Hombre de la Pandereta.
Cuando corría despreocupada con el carrito de muñecas,
huyendo delnoséque .
Cogiendo el coche, para recoger todos los baches del camino,
despreocupada, ingenua, niña al fin.
Dónde te marchas cuando llega el otoño
dónde guardas la felicidad que harta me llenaba,
que ahora tanto me cuesta encontrar.
Hombre de la Pandereta, no vengas a buscar lo que me falta,
no tiñas de negro las calles que me interesan,
alejate de mí, solo por una eternidad.
Y dame una estrella que me vuelva a hacer joven.
Ojala volvieras, para rodearme de paz.
Para alejarme del Hombre de la Pandereta.
Cuando corría despreocupada con el carrito de muñecas,
huyendo delnoséque .
Cogiendo el coche, para recoger todos los baches del camino,
despreocupada, ingenua, niña al fin.
Dónde te marchas cuando llega el otoño
dónde guardas la felicidad que harta me llenaba,
que ahora tanto me cuesta encontrar.
Hombre de la Pandereta, no vengas a buscar lo que me falta,
no tiñas de negro las calles que me interesan,
alejate de mí, solo por una eternidad.
Y dame una estrella que me vuelva a hacer joven.
24 de febrero de 2010
SIEMPRE TÚ
La casa se quedo estoy sola, como una cucharilla girando en el café
y me quejo.
te pedí que te marcharas, con palabras pequeñas
y te fuiste.
supe vivir sin ti unos meses. ahora he vuelto a oír tus pies
y miro al suelo.
el bolígrafo te echaba de menos,
en mis manos.
hoy vamos a casa del abuelo.
hoy la casa está llena de ruidos y de llantos
pero yo sigo sintiéndome sola.
y me quejo.
y quisiera echar el tiempo hacía atrás
para oír tu voz al lado de la mía.
y sentarme junto a ti, en el banco que también se ha quedado solo,
y contarte lo que pasa, para que tú no hables siempre.
y retener tu voz en mi garganta, como el agua que entra mal.
Aunque el aire me susurra que hice lo correcto,
nunca tengo esa certeza.
sigo en el sofá esperando que la luz vuelva a ser encendida.
mientras sigo mirando al suelo, esperando tus pies descalzos
y me quejo.
te pedí que te marcharas, con palabras pequeñas
y te fuiste.
supe vivir sin ti unos meses. ahora he vuelto a oír tus pies
y miro al suelo.
el bolígrafo te echaba de menos,
en mis manos.
hoy vamos a casa del abuelo.
hoy la casa está llena de ruidos y de llantos
pero yo sigo sintiéndome sola.
y me quejo.
y quisiera echar el tiempo hacía atrás
para oír tu voz al lado de la mía.
y sentarme junto a ti, en el banco que también se ha quedado solo,
y contarte lo que pasa, para que tú no hables siempre.
y retener tu voz en mi garganta, como el agua que entra mal.
Aunque el aire me susurra que hice lo correcto,
nunca tengo esa certeza.
sigo en el sofá esperando que la luz vuelva a ser encendida.
mientras sigo mirando al suelo, esperando tus pies descalzos
TE BUSQUÉ
Encendiste la luz
Como quien sujeta un corazón, sin apretar.
Pero no te diste cuenta, igual que yo
Que cuando lo cogiste temblaba
No por el frío, ni por el miedo
Si no por ese calor que nunca había sentido.
Y me lo volviste a entregar,
Con tus manos puras, sensibles, sensatas
Como quien deja una bomba.
Y otra vez volví a quedarme a oscuras
Como cuando la última vela se apaga.
No supe por qué estaba de vuelta,
Sólo entendí que estaba frío.
Llamaste a la ventana y corriste,
Y te vi alejarte, sin mirar atrás,
Y vi cómo mi corazón se detenía
Y cogí aire, aire que me faltaba en la garganta.
Me armé de valor con Amélie, y te busqué.
Te busqué, te busqué por cada boca de metro,
Busque tus ojos, envueltos en niebla.
No estabas.
Toque la luz, pero tampoco te encontré.
Escribí tu nombre en cada espacio en blanco.
Y volví a sentir la desesperación,
Y volví a sentirme en tierra de nadie,
Y volví a llevar un saco de huesos sobre mi espalda.
Cuando una mañana inviernamente
Te encontré sobre la tapia del jardín.
Como quien sujeta un corazón, sin apretar.
Pero no te diste cuenta, igual que yo
Que cuando lo cogiste temblaba
No por el frío, ni por el miedo
Si no por ese calor que nunca había sentido.
Y me lo volviste a entregar,
Con tus manos puras, sensibles, sensatas
Como quien deja una bomba.
Y otra vez volví a quedarme a oscuras
Como cuando la última vela se apaga.
No supe por qué estaba de vuelta,
Sólo entendí que estaba frío.
Llamaste a la ventana y corriste,
Y te vi alejarte, sin mirar atrás,
Y vi cómo mi corazón se detenía
Y cogí aire, aire que me faltaba en la garganta.
Me armé de valor con Amélie, y te busqué.
Te busqué, te busqué por cada boca de metro,
Busque tus ojos, envueltos en niebla.
No estabas.
Toque la luz, pero tampoco te encontré.
Escribí tu nombre en cada espacio en blanco.
Y volví a sentir la desesperación,
Y volví a sentirme en tierra de nadie,
Y volví a llevar un saco de huesos sobre mi espalda.
Cuando una mañana inviernamente
Te encontré sobre la tapia del jardín.
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